La cervicalgia es una de las molestias más comunes en el siglo XXI

Se estima que el 2% de la población mundial sufriría en algún momento de su vida, dolor cervical (cervicalgia) independiente de su etiología (Fejer & Neck Hartvigsen, 2008).    Es una patología frecuente en las consultas de Atención Primaria, que implica a reumatólogos, traumatólogos, neurólogos, neurocirujanos, psiquiatras y, en algunos casos, especialistas en el manejo del dolor.

El dolor cervical puede ser el resultado de anomalías en las partes blandas, músculos, ligamentos, discos y nervios, así como en las vértebras y sus articulaciones.   La causa más común de dolor cervical son las lesiones de las partes blandas, debidas a traumatismos o deterioro progresivo.

La cervicalgia supone una de las quejas musculoesqueléticas más comunes, afecta entre el 12,5% al 75,5 % de la población general y desde el 27,1% al 48% de la población trabajadora (Calahorrano – Soriano, et al, 2009).

Es un trastorno multifactorial, es decir, puede estar asociado a una enfermedad, una alteración funcional o un trastorno psicosomático (Apsit, et al, 1989). La gran mayoría de las cervicalgias son de carácter mecánico.

La cervicalgia mecánica crónica es la segunda causa de consulta después del dolor lumbar, su repercusión laboral, cada año es entre el 11 – 14% de los trabajadores de cualquier categoría laboral (Handelman, et al, 2008).

Los factores psicológicos como el estrés, la ansiedad o la depresión, son variables que influyen en la cervicalgia (Ramos, 2016).

Para el diagnóstico del dolor cervical es preciso realizar una historia clínica completa de la sintomatología cervical. Se debe realizar una exploración clínica que incluya valoración de la postura, movilidad cervical y zonas dolorosas, así como evaluación de la función de nervios y músculos en brazos y piernas.

Jamás olvidar que para el manejo del dolor físico persistente, siempre influyen factores psicológicos tanto cognitivos como afectivos y conductuales.

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