“No me detuve a pensar en mí, ni a visualizar señales que mi cuerpo manifestaba, mi propio cuerpo canalizó las emociones presentes en mi vida a través del dolor. No lo hable con nadie (“yo podía sola”), no grité, no lloré, no discutí… y mi cuerpo canalizó esta sobrecarga emocional en el dolor físico, en la zona cervical, que ahí estaba a pesar de terapias kinésicas y de relajantes musculares.
“La vida me dio un regalo, la oportunidad de entrar a una terapia de apoyo en el Centro del Dolor, con una profesional como Almendra, que me ha ofrecido generosamente un caminar juntas en un proceso de sanación, de aquellas viejas heridas que nunca fueron conversadas ni tratadas, y que me han causado tanto dolor …
“Así, he aprendido a expresar mis sentimientos sin temor, ni perjuicio, a encontrar la energía necesaria (a través de ejercicios de respiración), que me ha permitido en momentos difíciles o en situaciones emergentes de alta tensión, poder salir airosa y continuar mi camino, donde “el dolor está, pero no duele”
“He encontrado en esta psicoterapia el apoyo que necesitaba, pero que no buscaba; las palabras justas que me han hecho pensar y reflexionar sobre lo que he sido y lo que soy, visto desde mi yo interior. Cada sesión es un momento único, no obligado, de tiempo que me lo dedico para mí, es un regalo, el tiempo vuela y la enseñanza queda. Las preguntas van surgiendo a medida que el proceso que el proceso se desarrolla y cada vez más encuentro respuestas a las dudas e inquietudes que me persiguieron por tanto tiempo.
“Sólo me queda decir gracias por esta oportunidad. El dolor ya no es invalidante, cuando hay tensión, me abro a la relajación a través de la respiración y la meditación. Por todo. GRACIAS”.

Categorías: Testimonios

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