El lumbago, el hombro doloroso, la artrosis de rodilla y la fibromialgia, son algunas de las patologías más prevalentes del dolor crónico musculoesquelético (DCME).    Un problema que afecta al 17,9% de la población general en Chile y que implica un costo económico anual cercano a los $550 mil millones. La cronificación del dolor físico persistente genera el 25% de la discapacidad en nuestro país (Espinoza, Repetto, Cabieses, Vargas, Zitko, 2017).

Estas cifras son parte de la investigación “Propuesta de Política Pública para el manejo del Dolor Crónico Musculo Esquelético en Chile” desarrollada en el marco del Concurso de Política Pública 2017 que organizó el Centro de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile (Espinoza et al., 2017).

En el hombro congelado, Sharma, Moe-Nilssen, Kväle, Baerheim (2017) plantean que una de las principales quejas en la etapa I tardía y en la etapa II, es el dolor.   Este último, en algunos casos llega a ser muy severo, perturbando el sueño. Se ha encontrado que la discapacidad percibida en pacientes con dolor crónico de hombro está fuertemente influenciada por síntomas depresivos.   Muchas veces sumándose, además, la ansiedad e impacto emocional.  

Los altos niveles de angustia emocional, síntomas depresivos, ansiedad, preocupaciones preoperatorias, creencias para evitar el miedo, somatización y catastrofización del dolor se asociaron significativamente con altos niveles de intensidad del dolor y discapacidad (Martínez-Calderón, Meeus, Struyf, Morales-Asencio, Guijón-Nogueron, Luque-Suárez,  2018).  

Los factores psicológicos tienen contundente evidencia en la participación ya sea como factores de riesgo o protectores en el dolor físico persistente. “Los investigadores deben explorar la influencia de los factores psicosociales en la experiencia de dolor musculoesquelético, considerar la integración de diversos factores y mecanismos para explicar el desarrollo de la experiencia dolorosa» enfatiza Cuyul y Araya-Quintanilla (2019) en su revisión.

La psicología viene a cooperar con la medicina, anestesiología y neurología principalmente para contribuir a explicar e intervenir sobre los efectos perceptivos singulares del dolor y su impacto psicosocial (Vallejo, 2005; 2008).   Justamente esta especialidad nueva denominada Psicología Médica o Psicología de la Salud, incluye a las subespecialidades que tratan el dolor crónico ya sea oncológico (DCO) y no oncológico (DCNO). 

Por ejemplo, estos factores psicológicos se asocian con el resultado de la fisioterapia en el hombro doloroso, afectando su recuperación.    Especialmente el factor cognitivo de las expectativas del paciente sobre su recuperación ha demostrado su injerencia (Chester,Jerosch-Herold, Lewis, Shepstone, 2018).

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