Se estima que el 2% de la población mundial sufriría en algún momento de su vida, dolor cervical (Cervicalgia) independiente de su etiología (Fejer & Neck Hartvigsen, 2008). La cervicalgia supone una de las quejas musculoesqueléticas más comunes, afecta entre el 12,5% al 75,5 % de la población general y desde el 27,1% al 48% de la población trabajadora (Calahorrano – Soriano, et al, 2009).

Es un trastorno multifactorial, es decir, puede estar asociado a una enfermedad, una alteración funcional o un trastorno psicosomático (Apsit, et al, 1989). La gran mayoría de las cervicalgias son de carácter mecánico.

La cervicalgia mecánica crónica es la segunda causa de consulta después del dolor lumbar, su repercusión laboral, cada año es entre el 11 – 14% de los trabajadores de cualquier categoría laboral (Handelman, et al, 2008).

Los factores psicológicos como el estrés, la ansiedad o la depresión (Ramos, 2016), son variables que influyen en el cuadro.

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