DOLOR AGUDO

Es una señal de alarma del organismo, un sistema de protección frente a una amenaza, un síntoma de importancia que puede deberse a una lesión real o potencial.  Una vez cumplida su misión se transforma en algo inútil y destructivo, si no es aliviado.   El dolor no guarda ninguna relación cuantitativa con la lesión tisular que lo provoca, pero alerta al paciente cuando su tolerancia al dolor ha sido alcanzada, induciéndolo a solicitar ayuda médica.

Se acompaña de ansiedad y de signos físicos autonómicos (taquicardia, hipertensión, náuseas, vómitos, sudoración, palidez, entre otros).  Puede ser superficial (piel y mucosas), profundo (músculos, huesos, articulaciones, ligamentos  y visceral.  Su duración debe ser de menos de 3 meses, posterior a este período se transforma en DOLOR CRÓNICO (UCM, Madrid, 1996).